Cristina y Oscar gestionan su actividad con un muy alto nivel de profesionalidad y, a la vez, con amabilidad familiar y buena educación. Siempre están disponibles.
La casa, que ya conocíamos, tiene una de las mejores vistas de la costa brava. El mar, las playas, los árboles y la explanada verde hasta las ruinas greco romanas y el museo. El desayuno en la terraza es emocionante.
La gran cocina y sus innumerables utensilios es espectacular. También la espléndida biblioteca. El resto de dependencias resulta un poco austero y la empinada y algo angosta escalera no parece practicable por personas con alguna dificultad de movilidad.
Se puede aparcar el coche en el propio jardín, lo que resulta comodísimo.
Los restaurantes de la plaza del pueblo cubren todas las variantes de comida para adultos y niños. La playa es excelente salvo si hay tramontana.